Desde Miami
Se fue tan intempestiva y anónimamente como cuando llegó a vivir aquí. Con sorpresa fuimos muchos los que finalmente vimos hace unos días terminar la pesadilla que la familia miamense del expresidente venezolano temía: que llegara el día en que los restos de éste tuvieran que ser llevados a su país natal para recibir finalmente la sepultura como mandatario.
Me dicen fuentes allegadas al cementerio donde pasó los últimos tres meses, que la orden de exhumar el féretro llegó sorpresiva. Sin la pompa y circunstancia que le rodearan, Carlos Andrés Pérez fue sacado de la cripta y con una bandera venezolana cubrieron el ataúd que fue montado a un vehiculo que directamente le llevaría al sitio donde le prepararon para retornar.
"No quiero decir quién de las dos familias fue la que ganó -comentó el abogado de la familia Pérez de Venezuela-
Lo cierto es que para Cecilia Matos, su compañera sentimental por treinta años y madre de dos sus hijas, la tarea de aceptar que el cuerpo de quien fue su esposo, si no legal si de facto, fuera finalmente sepultado en Caracas le resulta doloroso, toda vez que ella y sus hijas lucharon por retenerlo en Miami, más aun cuando Hugo Chávez, el actual mandatario fue quien intentara el golpe de Estado fallido al gobierno de Carlos Andrés.
Pero la memoria es precisa cuando quiere olvidar algo. Y muchos han olvidado que Pérez escogió vivir en esta ciudad y no regresar a Venezuela.
Pero a Carlos Andrés como ciudadano le faltó la malicia que le sobraba como político. Pasó por alto el divorcio total de Blanca Pérez su esposa de titulo, aunque no de convivencia, con quien no hablaba en décadas, y no pensó en lo que el destino le depararía.
La mejor venganza -dicen venezolanos de la zona del Doral- fue la de la viuda oficial: no perdonarle nunca la humillación y el abandono del que la hizo víctima al dejarla por Matos. Y únicamente después hubo que tener vida para cobrar la factura.
Desde el 25 de diciembre pasado, cuando Carlos Andrés Pérez falleciera, inmediatamente su familia venezolana impugnó la decisión de sepultarlo en Florida. Juicios, cortes y finalmente guerra abierta entre los Pérez de aquí y los Pérez de allá terminó, y luego de casi diez meses entre congeladores y una cripta temporal, la cordura reinó en alguien y Carlos Andrés ya partió de regreso a su patria.
¿Importó que éste no quisiera regresar mientras Hugo Chávez estuviera en el poder? Para decir verdad, a los suyos de Venezuela eso les importó muy poco.
La lección es una y muy clara: papeles hablan.
Él nunca pensó que alguien pudiera oponerse a lo que había simplemente manifestado, sin pensar que harían falta elementos legales para obedecerlo. Finalmente, la realidad supera a la ficción, y como en una buena telenovela, los deseos no escritos se estrellan ante quienes decidan por uno.
Me dice otra venezolana exiliada:
"Ya veremos lo que los revanchistas harán con el cuerpo cuando repose en un cementerio abierto. Ya veremos. Eso caerá en la conciencia de los Pérez de allá".
Pienso en eso y simplemente anoto y recojo la moraleja y se la paso por si llegara a sucederle.
María Antonieta Collins