23/07/2010

Periódico El SOl de México
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Cómo arruinar una carrera política

Desde Miami

Tuve que digerir la noticia por lo menos dos semanas para tratar de entender lo que sucedió dentro del cerebro de la ex rehén de las FARC y excandidata presidencial Ingrid Betancourt, luego que solicitara una indemnización al Estado colombiano, algo que en realidad era el primer paso para presentar una demanda millonaria por daños debido a su secuestro.

Vanessa Rico, mi asistente, colombiana nacida en Bogotá, está que trina con la noticia: 

"Es una falta de respeto para el país. ¿Cómo después de que han pasado dos años quiere reclamar por algo que le habían advertido que podría sucederle?". Tanta gente que ha sido secuestrada, tanta gente que ha pasado tanto dolor y tantas familias que sí han perdido seres queridos a manos de las FARC y que no se han atrevido a pedirle un solo centavo al Gobierno, ¿dónde quedan todos ellos ante la demanda de Ingrid?

Otras voces colombianas se levantan, nada más saber lo que ha sucedido, dice Dulce María Ospina. "Esta señora apenas salió del secuestro dejó a su pobre marido que se la pasaba haciendo huelgas, caminatas para su liberación. Ahora quiere demandar al Estado, cuando en realidad a ella es a quien debían demandar".

Si de demandas se trata, efectivamente que una contrademanda pudo haber venido del Estado colombiano para cobrarle los gastos millonarios de la Operación Jaque que la rescató junto a los catorce rehenes más. Ahora que, si quiere demandar a alguien, creo que es de justicia entonces emplazar una amplia demanda contra las FARC, autores del secuestro, organización que después de la temeridad de Ingrid misma, son los directos responsables de lo que ella vivió ese lustro en la selva. 

Juan Carlos Lecompte, el hoy ex esposo, ya advertía en su libro de memorias que la necesidad económica podría motivarla a varias acciones. Difiero que se trate de dinero, toda vez que Betancourt ha firmado un jugoso contrato literario por sus memorias a publicarse pronto.

"Entonces, vuelve a la carga Vanessa Rico ¿por que pudo haberlo hecho? ¿Acaso por llamar la atención nuevamente? Pudiera ser, pero lo cierto es que no ha hecho nada después de que pasó la situación del secuestro para ayudar a los rehenes en la selva. En su lugar ¿Qué hizo? Se fue para Francia.

Cuando la excandidata a la Presidencia de Colombia se vio acorralada por los periodistas, no tuvo más que dar marcha atrás, lo malo es que ya lo había hecho y que las palabras son difíciles de recoger y guardar una vez que están en boca de todos. "A lo hecho, pecho", decimos en México y decimos bien.

Qué pena que en verdad Ingrid Betancourt no haya contado con nadie que la asesorara terminantemente sobre el daño colateral de semejante acción. Tendría que haber sido alguien que le pusiera las cartas en la mesa: los norteamericanos y los soldados compañeros de cautiverio te han mostrado como oportunista; Clara Rojas en sus memorias, sin decir mucho te muestra brutal y calculadora, y lo mismo sucede con Juan Carlos Lecompte, para quien -tal y cual él explica en sus memorias- Ingrid no tuvo compasión ni siquiera el día de la muerte del que fue su suegro. Qué pena que nadie de su entorno le dijo eso, ni que tampoco hay una sola familia de los cientos de rehenes de las FARC que haya cobrado un solo centavo al Estado colombiano por el dolor y el tiempo vivido en angustia, y que hacerlo significaría la tumba de lo que pudo haber sido en los años próximos una brillante carrera política, donde los colombianos se hubieran rendido a sus pies con admiración. 

De paso añado algo: Qué pena que nadie le dijo que hay un refrán que afirma: "Así paga el diablo a quien bien le hace". Qué pena, en verdad.

María Antonieta Collins


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