Sus facciones son las mismas, sus enormes ojos grandes y la timidez natural es la misma que lucía cuando en la casa de los tíos, allá en La Pequeña Habana, cientos de miles se le acercaban para protegerle cuando el reclamo entre el padre y los familiares en el exilio se convirtió en un asunto personal para Cuba contra el exilio.
Estuve junto a él en un par de ocasiones aquel mes de abril del año 2000 cuando Elián, a quien llamaban con el cubanísimo mote de 'Eliancito', vivía materialmente rodeado de los periodistas que estuvimos acampados frente a su casa esperando el desenlace de aquella tristísima odisea.
Aún recuerdo la madrugada del 22 de abril con el estruendo, el gas pimienta rociado a diestra y siniestra, los gritos del equipo SWAT y la cara de terror de aquel niñito al ser sacado por la fuerza de la que fue su casa durante cinco meses. En segundos se lo habían llevado, en un par de horas se daba a conocer la foto de Elián junto al padre en Washington y una terrible sensación nos acompañó a miles: ¿Qué pasaría con aquel niñito que tan sólo meses antes vio morir a su madre en pleno Estrecho de la Florida y ahora era devuelto a Cuba, de donde ella le había sacado para que viviera en libertad? ¿Cómo podría ajustarse Elián a su nueva etapa sin Marysleisis, su adorada prima, la que fue ridiculizada en los programas de la televisión norteamericana por el llanto y la desesperación al ver que se lo llevaban por la fuerza habiendo roto puertas y ventanas de la casa?
¿Qué va a pasar con él?, pregunté entonces a conocedores del tema cubano como la periodista y líder del exilio Ninoska Pérez-Castellón: "Lo que va a suceder -me dijo en aquel abril de 2000- es que Cuba por supuesto que no va a respetar el acuerdo firmado por el padre, donde a Elián no lo pueden utilizar para propaganda política del régimen, y lo van a hacer; además, lo van a adoctrinar y pronto, tristemente, la voluntad de la madre muerta será algo que nunca se va a cumplir".
Que razón tuvo Ninoska, me dije esta semana al ver a Elián como miembro destacado de las Juventudes Comunistas, más en concreto de los llamados "Camilitos", en honor de Camilo Cienfuegos. El tiempo puso cada cosa en su lugar y, peor aun, seguramente si a Elián le preguntan por su etapa en el exilio, responderá atacando a quienes el régimen castrista llama "la Mafia de Miami" e ignorará tantas cosas, como por ejemplo, que aquellos que a diario iban a verle hasta la casa del tío Delfín lo hacían con el respeto y el cariño de una comunidad que es como una piña, que se agrupa para proteger a los suyos, nunca para dañarlos. Elián no tiene cerca una conciencia justa que se lo diga y él era muy pequeño para recordarlo.
Tampoco sabe de los esfuerzos infructuosos de su familia de aquí para hablar con él, mismos que durante una década no han tenido respuesta: "Si llamamos -cuenta Delfín-, unas veces nos cuelgan el teléfono, otras contestan y lo niegan. Nunca más hemos vuelto a escuchar su voz". Lo mismo ha sucedido a Marysleisis, quien con el tiempo se convirtió en estilista de cabello, abrió un salón de belleza y por decisión propia se refugió en el más absoluto de los anonimatos, del que nunca salió.
Elián no sabe que la casa del viejo Delfín es un santuario que lleva así diez años, prácticamente el último que se ha construido alrededor de una odisea que tuvo para ellos un triste fin.
Elián no sabe que nadie quería dañarlo al tenerlo aquí, sino únicamente cumplir con la última voluntad de la madre muerta buscando libertad.
Al ver a este jovencito, Elián González, no dejo de pensar que tiene ojos de profunda tristeza y que por momentos son ojos de enigma, y que eso, ni con todos los uniformes ni con todas las prerrogativas y dadivas que le hayan dado los han podido borrar. Lo demás es el hubiera...
María Antonieta Collins
|