03/04/2010

Periódico El SOl de México
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¡Que semanas santas aquellas!

Desde Miami

Los gritos de mi hija Antonietta se escucharon fuerte a pesar de la gran distancia entre Texas donde vive hasta la Florida: ¡Ayyyyyy mamá, qué horror esta Semana Santa que estoy cubriendo!

Antonietta, hoy una joven reportera de la televisión norteamericana con base en McAllen, cubría el noviciado de reportear sobre la Semana Santa en la Isla del Padre y todo aquello que me contaba me sonaba más que familiar.

"No puedo creer lo que hacen estos muchachos que únicamente piensan en estos días de fiestas en emborracharse y muchos de ellos entrarle a las drogas, en tanto me resulta terrible ver a las chicas andar casi desnudas luciendo el cuerpo por todas partes..." De pronto mi hija calla la narración telefónica... ¿Sabes mamá? Ya sueno como tú cuando contabas las Semanas Santas de Coatzacoalcos, tu tierra, porque hablando con mis amigas hoy yo repetía ¡qué Semanas Santas aquellas! refiriéndome a las que viví de niña en familia en Miami"

"Sí, sí, ya sé que entonces repelaba cuando nos obligabas a ir a la iglesia, o cuando no dabas permiso para andar de fiesta en fiesta sino hasta el Sábado de Gloria, y ni qué decir de que no se comía carne durante una semana porque la vigilia en casa duraba una semana completa. ¡Qué Semanas Santas aquellas! Cuando nos reuníamos todos en casa y platicábamos hasta mas no poder o simplemente descansábamos de tanta rutina o íbamos a la playa, eso sí, siempre supervisadas y ni qué decir del recato de los trajes de baño. Digo esto y pienso que de entonces a ahora no han pasado ni diez años".

Al otro lado de la línea telefónica, en la Florida no hice nada más que sonreír viendo cómo el tiempo pasa y cómo esa joven que entonces gozaba arremedándome, hoy comienza ya a comparar sus tiempos de hace una década con los de la juventud actual.

Antonieta me hizo en un instante volver a Coatzacoalcos y los días de playa, la visita obligada a la iglesia, la música sacra y clásica en la radio, las procesiones y el Sábado de Gloria cuando el baile era en grande. Yo también dije para mis adentros, ¡qué tiempos aquellos!

Antes de colgar le conté un par de historias que me ocurrieron en Semana Santa cubriendo la noticia como corresponsal. En tiempos de la guerra en Centroamérica hice una serie de la guerrilla en Nicaragua y El Salvador y coincidió con la sacra fecha y resultó el mejor momento para entrevistar a las partes en conflicto que acostumbraban darse una tregua en medio de los sangrientos combates porque a pesar de todo, "hay días de guardar" como me dijo entonces un comandante salvadoreño.

En la calma de McAllen, mi hija debe darse por afortunada de no haber sido reportera en la década de los setenta en la Ciudad de México -le expliqué finalmente- porque entonces le hubiera tocado vivir la novatada que sufrían los reporteros primerizos a quienes enviaban a cubrir la nota de cada sábado de gloria en algunas colonias de la capital, y donde era inevitable no salir mojada de la cabeza a los pies por aquellos que acostumbran "bañar" transeúntes y después de burlarse de uno para salir corriendo a esconderse. Eso lo viví en carne propia muchas veces.

Son Semanas Santas diferentes, son países diferentes, pero ambas sentimos la nostalgia por las que nos tocó vivir, ¡Que caray!

María Antonieta Collins


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