Había que estar ahí para dar el mensaje. Y estuvieron todos. Políticos, exiliados anónimos y famosos. La pléyade de artistas en pleno.
"Aquí es donde tienen que estar los artistas -dice la periodista Ninoska Pérez-Castellón- este es el lugar. El sitio no es cantando en ningún festival en La Habana".
Ninoska era acompañada por cientos que con lágrimas contenidas observaban a ambos lados de cada acera los rostros de quienes erizaron la piel al sólo escuchar los gritos de !Libertad! !Libertad!
Desde el aire los helicópteros de la televisión americana mostraron la gigantesca y ordenada columna de la que el líder del exilio Carlos Alberto Montaner aseguró, "fue consecuencia del sacrificio de las mujeres cubanas. El heroísmo sigue adelante: ya hay un cubano más, un preso de conciencia que está listo para ocupar el puesto de quien muera por defender sus ideas".
Yo también estuve ahí con una misión por alguien a quien causas de fuerza mayor le impidieron estar: fui en representación Juanita Castro me dio la honrosa misión de hacer llegar su mensaje para que a noventa millas de distancia de este Estrecho de la Florida, su voz llegara a las aguerridas mujeres cubanas vestidas de blanco que luchan por un ideal de libertad y democracia.
"Estoy cien por ciento con las damas de blanco y con los prisioneros políticos -dijo Juanita Castro Ruz- no puedo hacer oídos sordos, no puedo hacerlo como lo hacen mis hermanos Fidel y Raúl ante esta tragedia que han creado y que no son capaces de detener por misericordia hacia quienes buscan libertad".
"Quiero llevar como todos los que fueron convocados por Gloria y Emilio Estefan, el mismo mensaje al pueblo cubano. Quiero solidarizarme con el sentimiento que los une porque la muerte de Orlando Zapata y la cárcel para los opositores no tiene explicación, no hay nada que justifique tan negativa actitud, por lo que yo les vuelvo a pedir a Fidel y Raúl que rectifiquen el rumbo por el bien del pueblo oprimido."
La marcha comenzó cuando Gloria, Emilio y Emily caminaron con la foto de Laura Pollán, presa política con la que sellaron una promesa: algún día caminar juntas en libertad en La Habana.
Olga Guillot entre lágrimas alcanzó a decir: "Las damas de blanco nos han hecho ver que con un gladiolo, sin llevar una sola arma han logrado mover conciencias".
Misleydis, una cubana anónima añadió a profundidad: "Ojalá que algún día ellas puedan saber lo que es la libertad, porque nosotros los exiliados, con todas las penas de más de medio siglo que hemos sufrido: si algo hemos tenido es una cosa: la libertad."
María Antonieta Collins
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