Repito, eso en otro país, no en los Estados Unidos, donde los últimos acontecimientos nos han mostrado que si teníamos semejantes especimenes detestados públicamente por la moral ciudadana, y que por el contrario, vivíamos en una gran hipocresía que los cubría.
Bastó ver lo que hizo Andrew Young el amiguito del senador Edwards para descubrir la montaña de lodo en la que el político vivía.
Elizabeth, la esposa del exaspirante a la presidencia de los EU, enferma mortalmente de cáncer se ha ocupado minuciosamente en preparar lo que quede de su familia para cuando ella "ya no esté aquí". Lo ha hecho especialmente por sus hijos menores de siete y ocho años, quienes al enterarse del escándalo de paternidad en el que su padre estaba envuelto, le dijeran: ¡esto es más grande y más malo que lo que hizo el gobernador Elliot Spizer!
Quienes en ese momento estaban cerca de la señora Edwards recuerdan haberla visto llorar como no lo hizo antes.
Pero ella se recuperó, empacó las maletas del esposo infiel y lo sacó de la casa. No sin antes retomar el control de todo el dinero hecho por el matrimonio y de comprarle una modesta casa a la amante de su marido. "De esa forma, ella, que es una abogada de gran reputación, ha repartido el dinero que no podrá ser dado a ninguna otra persona que no sean a sus hijos con Edwards", dijo una fuente allegada.
Elizabeth contrasta con la actitud de Sila, la también abogada y esposa del exgobernador neoyorquino Elliot Spizer, quien decidiera no dejarlo. Dicen también los amigos cercanos que quedarse junto a él es la mayor venganza de Sila, quien de esa forma le ha hecho pagar diariamente el pecado de infidelidad, el de contratar prostitutas y el de gozar de lo lindo mientras estaba en el puesto mintiendo a cada rato.
Pero la que dejó a todas atrás es Jenny Sanford la esposa del gobernador de Carolina del Sur, quien no sólo planteó el divorcio irrevocable al conocer que su marido tenía a una amante en Argentina, sino que ha escrito un jugoso libro que salió hace unos días: "Quedándome con la verdad" donde ha narrado con lujo de detalles las mentiras, los engaños, las intrigas y los amigos que ayudaron al gobernador a traicionarla.
Vicky Sanford ha respondido valiente: "No me quedo con él porque las que lo hacen es porque dicen que a pesar de todo aman a sus maridos. Yo no puedo amar a quien impunemente nos traicionó a todos. Por eso lo dejé".
"¿Qué fue lo más difícil de aceptar? Verlo llorando en una conferencia de prensa, diciendo que sus votantes y el pueblo no merecían que hubiera hecho eso. Escucharlo decir que sus hijos y yo no merecíamos eso. Entonces, ¿por qué lo hizo? Mi respuesta fue dejarlo, pedirle el divorcio y escribirle "Quedándome con la verdad".
Un libro que bien podría convertirse en guía para políticos que son infieles y que no dejan de ser infieles porque son políticos.
María Antonieta Collins
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