23/01/2010

Periódico El SOl de México
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El obamismo... un año después

Desde Washington, DC
El taxista afroamericano que me llevaba del aeropuerto Reagan a mi hotel, situado a un costado de la Casa Blanca, escuchaba por radio las noticias que hablaban del primer aniversario en el poder del presidente Barak Obama. No le presté mucha atención y seguí escribiendo en el netbook hasta que el hombre comenzó a dar gritos, al parecer furioso. ¿Cuál cambio? ¿Ahora con qué más nos va a salir?

Acostumbrada a escuchar e intuir a quienes eligieron a Obama, no pude sino preguntarle a aquel hombre... ¿Escuché bien? ¿Acaso usted está enojado con el presidente Obama? ¿Votó por él?

Su respuesta me sorprendió más: "¡Claro que voté por él! Por eso mismo es que estoy furibundo. Ha pasado un año y esto de la reforma de salud donde todos los norteamericanos tendríamos seguro cada día me luce más como promesa de político en campaña. Yo le creí y pensé que como él mismo conocía lo qué es el Congreso, pues que entonces le sería más fácil convencer a quienes iban a votar porque eso fuera realidad, pero me equivoqué".

El taxista afroamericano representa lo que muchos hoy en día piensan del presidente Obama: que hay poco que celebrar en aras de las contradicciones y promesas incumplidas del obamismo.

El mayor descalabro que sienten aquí en la capital es el triunfo republicano de Scott Brown en el escaño que por décadas perteneció no sólo a los demócratas, sino a ese icono que era el senador Ted Kennedy. Eso no es otra cosa que el voto de castigo, el enojo del ciudadano que hizo a Obama presidente luchando desde las bases, en los cuadros de campaña, donde la cadena del pueblo recolectó el dinero para financiar una elección presidencial ganada con los progresistas, las minorías y los jóvenes.

Una mujer que vende 'souvenirs' sobre la avenida Pensilvania se quejaba de las pocas ventas, que no se debía al frío. "El año pasado en esta fecha lo que gané me sirvió para ir de viaje al Ecuador, mi país, y para sobrevivir la crisis; sin embargo, este año las cosas nos han pintado mal en el ramo de los souvenirs porque la gente no compra lo que les recuerda que no se ha cumplido con lo que se prometió. Por lo menos el año pasado los pobres recibimos el paquete de estímulo de Bush, que fueron casi 500 dólares, pero ahora ¿qué?".

A un año las cosas siguen en la etapa de lo que no se hace aunque se haya prometido, como es el caso del rescate de las viviendas propuesto por Obama y miles siguen perdiendo sus casas al igual que los trabajos. A muchos veteranos les duele ver que votaron basados en la promesa de terminar la guerra en año y medio, algo lejano y difícil de realizar y que le ha propinado uno de los mayores reveses cuando ha tenido que enviar 30 mil tropas a Afganistán.

Y sucede lo mismo con el premio Nobel de la paz, que no se había dado a quien, sin importar explicaciones, en ese momento estuviera involucrado en una guerra.

Y ni que decir de que no se podrá cerrar la cárcel de talibanes en la Base Naval de Guantánamo. Y de la reforma migratoria ni habla, que en este momento hay otras cosas más urgentes para la administración que fue apoyada por el voto hispano.

En fin, que me siento igual que muchos, porque si bien no voté por el presidente Obama, sin embargo, lo que más quiero en este mundo fuera de mi familia es que le vaya bien porque éste es el país donde he pasado más de la mitad de mi vida, y el que me ha dado las grandes oportunidades de mi vida, pero los momentos no son los de euforia que respiraba aquí Washington el año pasado en la misma fecha. Hoy no hay fiesta, todo lo contrario, es tiempo de pensar y de decir con mesura: Que no me prometan más, que se queden callados, pero que me cumplan.

María Antonieta Collins


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