Conozco a los testigos que acompañaban a Juanita Castro aquel 31 de diciembre de 1958 en sitio donde se encontraba: la embajada de Brasil en La Habana con los decanos del cuerpo diplomático, los embajadores brasileños Vasco y Virginia Leitao da Cunha. Tres meses antes, perseguida por Batista, los Leitao da Cunha habían dado no asilo, sino "hospedaje", es decir, habían aceptado como "huésped" a Juanita y al grupo que luchaba junto apoyando al Movimiento 26 de Julio encabezado por sus hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz.
La diferencia gramatical y legal protegía a Juanita como quizá no suceda con el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya si se aplican las leyes, ya que quien llega a asilarse a una misión diplomática debe entender que ese paso es temporal y que más tarde o más temprano tendrá que salir hacia un sitio que le conceda un asilo permanente, en tanto, el status de "huésped" le permite permanecer dentro por tiempo indefinido.
Cincuenta y un años después no me aparto de que he pasado el último día de diciembre del 2009 con el mismo grupo de hombres y mujeres que luchaba por la libertad de su patria -como lo han hecho hasta hoy- y entre los que se encuentra Ana Ely Esteva Lora entonces una joven de veinticinco años, hoy de setenta y seis:
"Aquello era lo más grande. Los últimos días de diciembre no nos despegábamos del radio para escuchar las transmisiones de Radio Reloj, la voz desde la Sierra Maestra y sabíamos como iba marchando el triunfo, Juanita igual de parca que hoy, escuchaba y por supuesto que esperaba que lo mejor sucediera con sus hermanos. Aquel 31 de diciembre de 1958 cenamos todo el grupo con los embajadores y después de que dieron las doce campanadas nos dimos los abrazos y en fin, los buenos deseos. Después de eso nos fuimos a dormir. En eso estábamos cuando golpes a las puertas de la residencia nos alarmaron. Vasco y Virginia fueron a abrir en tanto todos nosotros esperábamos a ver de quien se trataba... lo menos que imaginamos era al personaje que íbamos a ver: Otto Meruelos, ¡el Ministro de Información de Batista!".
Al verlo de inmediato le lanzaron insultos y nadie entendía nada.
"Vasco el embajador, recuerda Juanita Castro, pidió silencio para poder saber los motivos que llevaban a Meruelos a la embajada. ¡Ahí mismo todos escuchamos de labios de quien fue el vocero de Batista que éste había huido, que se despidió del pueblo de Cuba y que partió en avión y que allegados a él también se habían marchado! Lo que Otto Meruelos quería era que le dieran asilo a él también porque su vida estaba en peligro ya que los rebeldes habían triunfado y venían en camino a La Habana liberando poblaciones de la tiranía batistiana".
La prudencia de los embajadores Leitao da Cunha hizo al grupo permanecer dentro de la embajada de Brasil en La Habana un día más, hasta el dos de enero cuando todos pudieron salir a la calle y mezclarse con aquel gentío que esperaban en los próximos días la llegada triunfal de Fidel Castro a La Habana.
"Yo sentía una extraordinaria sensación de paz, dice Juanita, una paz que en realidad ya merecíamos todas las mujeres de mi familia que habíamos estado en las malas y en las peores sufriendo durante tanto tiempo por la suerte de mis hermanos Fidel y Raúl, así que aquellos momentos fueron inolvidables...".
En su casa del exilio en Miami, la quinta de los hermanos Castro Ruz reflexiona en el paso del tiempo, en la avalancha de acontecimientos que en ese momento nadie le pudo adivinar, y sin más vuelve a cerrar el recuerdo a todo aquello que vivió un día como hoy... pero hace cincuenta y un años.
María Antonieta Collins
|