25/12/2009

Periódico El SOl de México
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La increíble Navidad en México

Estaba noqueada por los sangrientos sucesos a raíz de la muerte del marino que participó en el operativo Beltrán Leyva y a quien le mataron a la madre, hermanos y tía. ¿Qué país es este que dejé hace treinta años cuando marché a vivir en los Estados Unidos? -Me preguntaba adolorida- mientras me encontraba haciendo las compras para festejar en familia las fiestas. Por alguna razón fui siguiendo al mundo de gente que en la calle me llevaba hasta el lugar donde un Santa Claus y dos duendes que le acompañaban cantaban un villancico y se encontraban rodeados de niñitos.

Apenas Santa terminó el bailable y se retiró al trineo a sentarse y descansar del ajetreo, de inmediato decenas de pequeñitos trataban de tomarse una foto con él. Para muchos fue fácil porque sus padres sacaban del bolsillo los ciento setenta pesos que costaba tomarse la fotografía... para otros eso era una utopía.

¡Ciento setenta pesos! Exclamó admirada una madre, mientras su niña de escasos tres años trataba de subir al trineo con su carita llorosa... "¿No ves m´hija que no tengo? Pero te prometo que papá y yo vamos a juntar dinero y el año entrante vas a tomarte la foto con Santa, además, vas a haber crecido y te verás más bonita".

Semejante explicación no convenció a la niña que parecía sollozar en silencio... Me partió el alma. De inmediato abrí mi bolsillo para ir a pagar la foto... pero resulta que alguien que al igual que yo presenciaba la escena me había ganó mi buena obra del día.

No pude irme del sitio porque lo que vino a continuación fue como parte de una película de aquel productor de los años cincuenta llamado Cesáreo González: La mamá y la niñita que ya se habían ido fueron alcanzadas por una empleada del negocio que las hizo regresar avisándoles que alguien había pagado la foto con Santa Claus. Había que ver la cara de la pequeñita que brincaba de gusto...

No creo que a ese mexicano Santa Claus alguna vez le hayan abrazado con tanto cariño como hace un par de días unos bracitos infantiles lo hicieron. La chiquita embelesada le acariciaba las barbas, le repetía incrédula... Santa... Santa... ¿Verdad que si me vas a traer regalos, no como me dice mi mamá que no te vas a acordar de mí esta navidad?

Tengo que confesar que soy una llorona cursi a quien se le salen las lágrimas ante semejante demostración de amor e inocencia. El anónimo benefactor también observaba la escena y pude descubrirlo porque tenían que darle el cambio del billete con el que había pagado. Gracias -le dije- por dar a una niña un hermoso cuento de navidad.

El extraño me miró a los ojos y sin más me respondió algo que siempre he sabido:

"Mire, los mexicanos somos una raza de gente buena. Los malos, los que matan como ha sucedido en estos días, son los menos, hacen ruido, causan dolor, pero al final no podrán ganarnos la partida. Sólo rece para que esto suceda".

Y eso pedí anoche en la cena de Nochebuena: Que este país al que dejé hace treinta años para ir a buscar la vida fuera, siga teniendo gente buena y que estos sigan siendo más.

¡Feliz Navidad!

María Antonieta Collins


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