18/12/2009

Periódico El SOl de México
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Se llamaban Alfonso y Orquídea

Dese Miami
La voz de una amiga desde Los Ángeles sonaba emotiva: acababa de leer las memorias de Juanita Castro y había encontrado en ellas la reivindicación inesperada que una de las hermanas menores de Fidel y Raúl Castro hace en sus memorias... 


"No existe libro sobre la revolución cubana en el que la parte mexicana de aquella naciente revolución fuera recompensada hablando de todos aquellos que vivieron en México y que pudieron haber quedado anónimos, luego de ser más que activos militantes fidelistas, y con eso me refiero a la actuación de una extraordinaria mujer cubana llamada Orquídea Pino, casada con el ingeniero mexicano Alfonso Gutiérrez y quienes formaron parte de todos aquellos que hicieron posible la expedición del Granma a Cuba con Fidel Castro al frente".

Estoy de acuerdo con mi amiga en que en el libro de Juanita tiene la deliberada intención de reivindicar, entre otras cosas, el pasaje más generoso y más desconocido, acontecido precisamente en la capital mexicana, donde el ingeniero, llamado cariñosamente por sus amigos "Fofo" y Orquídea su esposa, participaron desde su residencia en el Pedregal de San Ángel dando casa y sustento a gran número de los expedicionarios que poco tiempo después harían la historia de Cuba".

Mi amiga sabe de los sustos pasados por Orquídea Pino, cuando el gobierno del presidente Ruiz Cortines, presionado por la dictadura batistiana intentaba deshacerse de los Castro. Es Orquídea, gracias a la intervención y amistades de su esposo, quien hace los contactos con los poderosos jefes de la contrainteligencia política para proteger a sus amigos, y es ella misma quien desafiando cualquier peligro transporta armas, las cambia de lugar cuando sabe que van a decomisarlas gracias a los "pitazos" de los contactos. Es Orquídea la que por amor a su patria apoya aquella expedición y quien logra que su esposo crea en el proyecto.

Orquídea y Alfonso son los mismos que dejan todo un día en México y previo permiso del Gobierno mexicano, este último acepta ser el primer director del Instituto Cubano del Petróleo. Al ingeniero Gutiérrez le sobraban credenciales para el puesto: experto en perforación de pozos petroleros, dueño de una próspera compañía dedicada al negocio, era sin lugar a dudas el mejor candidato para encabezar la entidad oficial que produjera lo necesario para sacar a Cuba de una dependencia energética.

Pero bien dirían en cubano... sólo que no calculó al enemigo.

A unos meses del triunfo de aquel enero de 1959 se dio cuenta que las promesas quedaron en eso, en promesas y que las cosas no fueron como las pintaron. No tuvo autonomía en el proyecto, tal y como Fidel le prometiera y, por el contrario, pasó a depender directamente del ministro de Industrias: Ernesto "Che" Guevara, quien desconocía la materia y a quien lo menos que le interesaba era apoyar la tesis de que Cuba podría tener recursos petrolíferos. Para el "Che" políticamente era más correcto depender del petróleo ruso que embarcarse en la perforación de petróleo para Cuba. Pero esto no lo supo Alfonso Gutiérrez sino hasta mucho después.

Decepcionados, un año después regresaron a México sin entender por qué poco a poco Fidel los dejó de recibir y los dejó en el olvido -a pesar de que por encima de todo eran compadres-, aunque fuera a despedirse de ellos el último día que estuvieron en La Habana.

Juanita Castro tampoco comprende hasta el día de hoy muchas cosas...

"Nunca entendí por qué cuando yo me declaré en contra el régimen de mis hermanos en México, entonces me criticaron y cortaron la relación conmigo si ellos mismos fueron víctimas del engaño".

Ni mi amiga la que me llamó desde Los Ángeles entiende tampoco que Orquídea jamás hablara una sola palabra, ni buena ni mala de lo que les sucediera a ellos en Cuba.

"Mi comadre Orquídea se llevó con ella muchos secretos a la tumba, y si su lealtad nunca fue recompensada antes, el rostro de ella y el del ingeniero, así como la odisea de su participación hoy tiene una justa retribución, al Juanita darles el lugar que merecen en sus memorias".

Me limito a comentarle el porqué de Juanita para hacerlo, según sus propias palabras: "Algún día cuando los libros de texto cubanos se reescriban, seguramente que la parte mexicana de aquella odisea deberá tener un lugar importante y los niños y jóvenes sabrán de memoria los nombres de dos personas que amaron a Cuba y que se llamaban Alfonso y Orquídea".

María Antonieta Collins


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