11/12/2009

Periódico El SOl de México
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Tiger Woods: mentira o verdad

Dese Miami
Amanecí este viernes con una secreta esperanza periodística: que el premio Nobel al presidente Obama, vaya, que por lo menos los devaneos y tristezas del derrocado presidente hondureño Manuel Zelaya para salir de su exilio en la embajada brasilera en Tegucigalpa hacia México quitaran los reflectores sobre el personaje que ha sido la noticia candente hace ya casi dos semanas en los Estados Unidos, y me refiero al deportista Tiger Woods -de quien todos hablan- aun sin ser aficionados al golf. Pero me equivoqué. Dirían los cubanos -calculé mal el tema- porque resulta que en plena ceremonia en Oslo y misma que era transmitida por ratos en la televisión norteamericana, apenas los presentadores volvían al estudio, dos eran los temas que trataban con todo y expertos: ¡la ultima amante de Tiger Woods y la razón por la que el deportista más rico de los Estados Unidos tenía tantas relaciones extramaritales!


No me he podido escapar a esta letanía porque el miércoles y jueves durante un seminario al que asistí en Willmington, suburbio netamente mexicano de Los Ángeles, la plática entre muchas asistentes giraba sobre lo mismo: ¿Han visto que al Tigre Woods ahora le salió otra "querida" más? A la popular pregunta le siguió otra con sentido más profundo dicha por una joven estudiante... "¿Se dieron cuenta que el descarado sólo andaba con blancas y no con negras?", otra comadre que asistía al evento no pudo quedarse callada: "Mosca muerta, mejor dicho, moscón muerto, porque no era una, ni dos, ¡sino nueve! Y todo con esa carita de que no rompía ni un plato".

A la que hizo la pregunta sobre blancas y negras le hago una aclaración que no tiene que ver con el racismo: Woods anda con mujeres blancas porque le gustan, y punto. Basta ver que tampoco para casarse lo hizo con una afroamericana, sino con una blanca y ciudadana sueca. Más blanca que ésa no pudo haber encontrado a nadie. Es cuestión de gustos que no tienen que ver con raza.

En fin, que hoy escuché la excusa que me faltaba ante estos casos. Resulta que, con ceremonia Nobel de por medio, una serie de sicólogos y siquiatras dieron su diagnóstico: no es un calladito "Don Juan"... el pobre es adicto al sexo.

Según las nueve señoritas que fueron sus amantes, la última toda modosita quien pidiera disculpas a la mujer de Woods por haber andado con su marido, el golfista practica el sexo mañana, tarde y noche, antes y después de los campeonatos.

"Este tipo de situaciones -decían los expertos consultados por los programas- pone al descubierto la adicción que convierte a hombres y mujeres en infieles amantes y por la que no respetan barreras de ningún tipo, rompen familias y acaban hasta sin trabajo por una sola razón: son enfermos".

En la soledad de mi recamara, donde veía la televisión, me pregunté indignada. ¿Ahora resulta que es un pobre enfermo que rompió las barreras? ¿Así le llaman ahora?

Ivonne Fiad, mi amiga, pone el colofón que bien podría servirle a los expertos en buscar excusas sobre el tema:

"¿Cómo es posible que con tan grave adicción que ahora sabemos que padece hace tantos años y que visiblemente le ha tomado tanto tiempo de su vida diaria, Tiger se haya podido concentrar como lo ha necesitado para ser el mejor golfista del mundo y amasar una fortuna de mil millones de dólares? ¿Acaso la respuesta no es mas sencilla? Que sea un simple mujeriego sin escrúpulos y con mucho dinero, y más nada."

Y yo también pienso lo mismo, a pesar de que ahora quienes no quieren perder el inmenso negocio que les representa Tiger Woods, por sus comerciales de todo tipo, inventen para sacarlo del problema una enfermedad, en vez de aceptar la realidad. Y punto final

María Antonieta Collins


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