02/10/2009

Periódico El SOl de México
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Panamá: el vecino sensato


Desde miami
Nadie tiene una bola mágica que adivine el futuro, de haberla, por lo menos una buena cantidad, seguramente que hubieran sido compradas para saber lo que ocurrirá con la crisis de Honduras en las próximas semanas.


Por lo pronto, no hay que ser pitonisa para saber, que, de efectuarse las elecciones presidenciales del 29 de noviembre, la primera "papa caliente" que le caerá al nuevo presidente, será, sin lugar a dudas, qué hacer con el asilado depuesto presidente Manuel Zelaya que para entonces continuará de huésped de honor de la diplomacia brasileña en Tegucigalpa.

¿Qué hará el nuevo presidente hondureño? ¿Acaso le amnistiará? o ¿le otorgará un salvoconducto? ¿o le aplicará mano dura y le mantendrá dentro de la misión diplomática indefinidamente?

Eso es cuestión de tiempo para saberlo.

Lo que sí ha sido cierta, fue la fortuna de los hondureños de contar con un vecino como Ricardo Martinelli, presidente de Panamá hasta el 2014.

Mientras el presidente Micheletti continúa adelante con los planes de la celebración de los comicios, Panamá ha dejado saber que si las próximas elecciones son transparentes, por supuesto que reconocerán al nuevo gobierno. ¿Y por qué no hacerlo?

Eso es ser un vecino dotado de sensatez. Por supuesto que esto no es de gratis, Panamá ha sido un vecino que tuvo que soportar las diatribas ideológicas de Zelaya y que no se ha cerrado como lo ha hecho el resto de países ignorando que Robero Micheletti ha seguido al pie de la letra lo que le ordena la constitución de Honduras y les ha dado el beneficio de la duda.

Valdría la pena, aunque materialmente es imposible, que los vecinos geográficos de Honduras, entendieran que los candidatos a las elecciones presidenciales de noviembre, mucho antes del llamado Golpe de Estado, ya habían sido elegidos por los miembros de sus partidos en comicios internos -primarias- les llaman en Estados Unidos y que por lo tanto tienen el derecho soberano de competir por reinstaurar en su país un gobierno elegido democráticamente por el pueblo, de una corriente u otra, pero con el voto, no con la injerencia de quienes han fallado como amañados mediadores de un conflicto que ellos mismos saben quién y cómo se produjo, con los antecedentes más que públicos que se vivieron antes que los militares hondureños decidieran un ¡ya basta! a quien les insultaba desde la plenitud del poder.

Lo cierto es que el presidente Arias y el mismo José Miguel Insulza, quienes seguramente que en muy privados momentos reconocen que los opositores a Manuel Zelaya tenían razón de hartarse con los excesos de éste -el insulto a flor de pie a los opositores entre otras cosas- aunque hoy se han prestado al juego de intentar a costa de lo que sea, el retorno de Zelaya, cuya primera amenaza era privar a los hondureños del ejercicio de sus libertades.

Sólo queda ver que sucederá en el istmo centroamericano, y ver si después del reconocimiento anunciado por Ricardo Martinelli, a Panamá se le sumen el resto de los países de América Latina que no tienen a Hugo Chávez como el guía intelectual y político.

A fin de cuentas lo que habría que ver, es que Honduras, uno de los países más pobres del continente, no puede recibir más cornadas de quienes van, hablan, y se marchan.

Y para ver todo esto, faltan tan sólo siete semanas.

María Antonieta Collins


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