28/08/2009

Periódico El SOl de México
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Los mexicanos de Las Vegas


Desde miami
El viaje no fue de placer, sino de trabajo, aunque una se da tiempo para escudriñar, preguntar, investigar y sobre todo para escuchar a los cientos de paisanos que cómo han podido llegaron a vivir y trabajar en esta, la ciudad más iluminada por lo menos de Estados Unidos.


Usualmente daba gusto escuchar sus historias de sueños y triunfo, pero en esta ocasión esas historias son más de tristeza y desesperanza en medio de la crisis económica. Maria López, una mexicana de la capital preparaba uno de los tamales más deliciosos que he probado en mi vida.

"A la gente le gusta venir a comerlos porque son diferentes, -me decía María- además, mis clientes son muchos paisanos, que por lo menos vienen, comen su tamalito, se toman el atolito, y se van a trabajar sin haber pagado mucho porque todo aquí para nosotros es ahorrar para enviarlo a México".

Los tamales de Maria le daban una clientela segura diariamente en una de las esquinas que yo no dejaba de visitar al poner un pie en Las Vegas para quitarme la nostalgia de la patria. Ayer apenas llegué lo hice, pero fue sólo para llenarme de tristeza al saber que no estaba en su sitio habitual de años.

"María se tuvo que regresar a México -me dice uno de sus exvecinos-, las cosas se fueron poniendo más y más mal. Perdió su casa, su esposo se enfermó gravemente, y sin papeles ni seguro médico todo se les había complicado. Para acabarla de amolar, las ventas le habían bajado, al grado de que ya no sacaba ni lo que invertía en la comida y decidieron regresarse a su pueblo, cerca de la capital."

La verdad es que María es una víctima más de la crisis económica que están sufriendo los mexicanos que viven en Las Vegas, esos hombres y mujeres tan diametralmente opuestos a los que pueden venir a los casinos, o a quienes tienen casi agotadas las entradas para ver a Luis Miguel, cuyos conciertos para el 12 hasta el 15 de septiembre se encuentran casi vendidos. Lo de María es una tristeza que parte el alma y que lleva a otra gran realidad.

Los grandes hoteles, con la crisis han sufrido de las cancelaciones de convenciones y se encuentran funcionando al 50 por ciento de su capacidad. Uno de los últimos, sin poder mencionar su nombre, apenas esta semana despidió a mil 500 empleados.

¿Qué pasa entonces con éstos? -pregunto- y la respuesta de un anónimo informante me deja con la boca abierta.

"Vaya por la noche a la avenida principal, pero no muy noche, apenas oscurezca e investigue por usted misma."

Así lo hice y quedé con la boca abierta. A primera vista me sorprendieron infinidad de grupos formados por cuatro o cinco hispanos, todos ellos con marcado acento mexicano, aparentemente reunidos en cada esquina de los grandes hoteles, en la intersección de las calles, a la salida de los centros comerciales y dirigidos por un hombre que actúa discretamente cuando presiente peligro.

Se dedican a promover una atracción prohibida y especial:

"Invitamos a los turistas -me cuenta uno de ellos- a que utilicen muchachas al minuto. Entregamos una tarjeta con un número a donde llaman, y en menos de 20 minutos tienen a una mujer en su habitación, tan rápido como ordenar una pizza y casi tan barato como eso. Si la tarjeta tiene la clave que pertenece a mí, entonces gano una comisión mas."

El servicio de las "call girls" no es nuevo. Lo que es nuevo es la forma de comercializarlas como nunca antes, utilizando a quienes tienen que trabajar en esto porque no hay nada más para comer.

"¿Dónde voy a tener un trabajo en el que me gane por lo menos 50 dólares al día para poder sobrevivir? Aquí en Las Vegas ahora mismo no lo hay. La construcción, donde muchos trabajábamos está parada. En los hoteles no contratan, por el contrario, lo corren a uno, eso, sin contar el asunto de los papeles para trabajar. Ahora, que cuando me preguntan si soy mexicano, no lo digo por pena, únicamente salta a la vista que soy hispano. Ojalá nunca nadie de mi familia tenga que hacer esto que yo hago para vivir".

Dicho eso, aquel hombre se fue a seguir en su trabajo en pleno Las Vegas Boulevard mientras me quedé meditando en este otro aspecto de la crisis, donde como nunca antes, estos mexicanos han entrado a otro campo de trabajo: ofrecer en menos de 20 minutos una mujer, que llega tan rápido como si fuera una pizza. Por lo menos a María la de los tamales le quedó la dignidad de regresar con los suyos, donde no necesita vender su alma para comer.

María Antonieta Collins


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