11/07/2009

Periódico El SOl de México
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Mi papá es policía, tiene pistola y te va a matar


Desde miami
Difícilmente hay un niño pequeño que no haya repetido la frase para amedrentar a un contrario: "mi papá es policía, tiene pistola y te va a matar"; ya que al oír eso, usualmente los que acosan y amenazan salen huyendo.


Es lo mismo que el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya creyó que de inmediato iba a suceder con los hondureños de su país, al ir a gritar por todo el continente que iba a buscar ayuda con sus amigos presidentes, quienes, al escucharlo, lo apoyarían; y el pueblo hondureño entonces daría marcha atrás y le permitirían regresar sin condiciones.

Eso no sólo no sucedió, sino que el circo que está armado en San José se enreda con cada ronda de conversaciones, tal y como sucede con cualquier otro tema donde entren negociadores a desenredar la maraña.

Fuentes allegadas me decían que las diferencias tienen las dimensiones del cielo a la tierra, y peor aún, que la mayoría de ellas insalvables.

¿Tanto? Pregunté y la respuesta es tan evidente, que sólo hay que ver con atención para hallarla.

¿De que forma -dice mi fuente- el presidente de Costa Rica podría asegurar el retorno de Zelaya a un país donde seguramente comenzará con enmiendas para cambiar la constitución -aunque diga que no lo va a hacer-? Una vez dentro ¿Quién lo detiene? ¿Cómo piensan hacer regresar al depuesto mandatario a un país donde el ejército no le acepta?

Será cuestión de decirle: bueno, presidente, regresa usted, pero no hay escolta del Estado mayor, no hay ministro de la Defensa. ¿En donde se ha visto semejante cosa?

Hace años aprendí que hay instituciones intocables, donde el respeto es lo primordial. Una de ellas, en todos los países, es el ejército. Nunca jamás imaginaría a ningún presidente ofendiendo al Secretario de la Defensa, o el jefe del Estado Mayor Presidencial, entonces, ¿Cómo lograr en las reuniones de San José que los militares hondureños acepten las ofensas que Zelaya les vertiera? Más mal aun: ¿A dónde se van a ir todos ellos si el presidente regresa?

Pero la lista de piedras en el camino de Zelaya a Tegucigalpa sigue:

¿Cuáles serán las relaciones entre el depuesto Zelaya y el más carismático de los cardenales papables: el Cardenal de Honduras, Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, uno de los dos únicos cardenales que Centroamérica tiene, una voz respetada y moderada que siempre ha hablado en contra de las injusticias sociales, y mismo que no se ha callado la boca para pedir por el no retorno de Zelaya?

No hay mucho que pensar sobre lo que sucedería, basta ver las terribles e irrespetuosas relaciones de Hugo Chávez con la Iglesia católica venezolana, cada día al borde del caos.

Para el último bocado queda la falta de respeto a la Corte Suprema. ¿Quién conoce a un presidente -fuera de Zelaya- que llamara "juecesuchos" a los que se le enfrentaron para que no siguiera cometiendo atropellos?

Fuera de él no conozco a ninguno.

Por lo pronto hoy, el presidente Óscar Arias no sólo lo conoce, literalmente, hasta en pijama, sino que lo tiene junto a él. Probablemente Arias en este proceso en el que lo metieron descubra la fórmula, que de lograrla, en verdad aclare la maraña que ha dejado a Honduras con un presidente dentro y otro afuera, y permita que los que se fueron regresen, sin que los que tomaron el poder se tengan que ir.

Por lo pronto, el consenso popular es uno: si halla la solución, por favor paténtela para usarla en todo tipo de conflictos, que seguro con eso se vuelve multimillonario.

María Antonieta Collins


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