12/06/2009

Periódico El SOl de México
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Se nos habían olvidado los espías

 

Desde miami
Creí que de tanto verlas, esas historias se habían terminado hace tiempo y que en verdad nos encontrábamos en otra etapa de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, pero resulta que no, y que las mejorías en las relaciones que se habían ido dando con el tiempo, podrían dar marcha atrás peligrosamente y todo por el último descubrimiento de la contrainteligencia norteamericana.


Los rostros de Walter Kendal Myers y de Gwendolyn, su esposa, a simple vista un simpático matrimonio de setenta y uno y setenta y dos años de edad, y que bien podrían ser los de cualquier abuelo -en el caso de ellos- con cuatro hijos mayores quienes gustaban y escuchaban sus historias, han recorrido la Unión Americana a lo largo y ancho, dejando conmocionados a muchos porque no se trataba de hispanos realizando espionaje para Cuba, sino de una pareja de norteamericanos anglos a quienes la vida se les ha volteado hace tres días, al saber a lo que se habían dedicado en las últimas tres décadas. La tragedia, decían sus hijos, es que esos abuelos seguramente no podrán volver a festejar ninguna fecha familiar, ya que serán condenados irremediablemente a pasar en prisión los últimos años de su vida. No se separaban ni un instante -dijo un hijo- y ahora están recluidos en distintos pabellones de la prisión donde difícilmente volverán a verse un día completo.

Pero no pensaron en eso cuando se dedicaban a otras actividades desconocidas para el resto del mundo. No imagino cómo pudieron espiar para el Gobierno castrista durante treinta años sin que nadie les descubriera, especialmente tratándose de un analista del Departamento de Estado, supuestamente por ley, sujeto a un profundo escrutinio. Pero sucedió, y la vida del pudiente matrimonio que lo tenía todo está destruida.

Eran dueños de un lujoso yate a bordo del cual en noviembre harían un viaje por el Caribe, curiosamente habían marcado en el calendario el mes de la partida, pero no tenían marcado retorno, y las autoridades sugieren que eso se debía a que se quedarían definitivamente a vivir en Cuba. Hoy sus días son desoladores porque se sabe que el 17 de junio, fecha en que serán acusados formalmente de espionaje, los cargos que se les presenten "serán significativamente serios".

"Con la evidencia en contra suya -dijo el juez- no hay posibilidad de libertad bajo fianza porque a diez minutos de distancia se encuentra la Sección de Intereses de Cuba en Washington, fácil de alcanzar en un taxi si burlaran la vigilancia, y una vez dentro del edificio, habrán huido de los Estados Unidos ya que sin tratado de extradición con Cuba, jamás serían entregados para ser juzgados, y los Estados Unidos no violarían la inmunidad diplomática nunca".

Un experto en asuntos caribeños me decía que los Myers son fundamentales para conocer la penetración de los servicios de inteligencia cubanos y eventualmente descubrirá a otros cómplices, por lo que sobre el matrimonio Myers comenzará a caer el juego de la reducción de sentencias, a cambio de entregar la información confidencial que les era solicitada.

Ahora hay otras consecuencias que no fueron calculadas todavía porque nadie tiene "bola de cristal". ¿Qué sucederá con la buena voluntad para el regreso de Cuba a la OEA de conocerse detalles del espionaje? ¿De que forma el presidente Obama puede intentar una mejoría en las relaciones después de los arrestos? ¿El episodio se convertirá en un obstáculo para las conversaciones de inmigración entre Cuba y los Estados Unidos?

Sea lo que fuere la revelación de este episodio que forma parte de una especie que se creía extinguida, la de los espías entre los dos países, habla simplemente de que en el vocabulario sigue vigente la palabra mas frecuentemente utilizada por los dirigentes de la década de los sesenta y setenta: con-fa-bu-la-ción y por lo tanto, los espías... no son cosa del pasado.

María Antonieta Collins


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