Efectivamente aquella información era valiosa al grado de detener el recuento de la historia personal de una de las cuatro hermanas de Fidel y de Raúl Castro, y quien realiza la tarea a contrarreloj. Me sigue impresionando su rostro -tan similar al de Raúl, quien fuera su hermano favorito- un rostro que más que nunca, destila una paz y un razonamiento, donde no existe el odio, y que de inmediato se remonta al 31 de enero de 1962, cuando Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA).
"En aquella época yo estaba todavía en Cuba y no se supo nada de lo que en realidad pasaba en el extranjero porque lo que nos enterábamos a través de la prensa, radio y televisión cubanas estaba bajo el férreo control del estado. No sabíamos de los motivos, ni las repercusiones que eran calladas por el alboroto que producían los insultos, que entonces se lanzaron a todo el mundo que participó en la expulsión, ya que en ese momento no se razonaba sobre los motivos, únicamente se ofendía a los supuestos causantes de aquel hecho".
Hablo con ella de lo que ella misma venía observando hacía meses: "Es probable que vengan cambios nunca imaginados en la política hacia Cuba -me dijo entonces- a decir verdad, no lo esperaba tan de repente como lo hizo la canciller hondureña del presidente Manuel Zelaya".
Y no puedo abstraerme de preguntarle entonces por lo que va a pasar, pero Juanita Castro siempre al día con todo lo que tenga que ver con el país al que ha amado cada día más en los casi cincuenta años de exilio, dice:
"Yo respondo con otra pregunta... ¿Qué resultado ha habido en 47 años con la expulsión de Cuba de la OEA? ¿Se ha dado algún paso? ¿Ha habido algo a favor del pueblo? Todo lo que se puede hacer es especular. Si Fidel sigue insistiendo en que la OEA no funciona, pues de nada sirve haber levantado la resolución aquella."
En realidad Juanita toca el punto sensible. La parte fácil del reto se dio el miércoles en San Pedro Sula, donde la mayoría de los miembros de la OEA se reunieron para dar la mano a Cuba. Lo difícil de realizar deberá tener ahora dos direcciones, como se quiera ver. Una, desde Washington para ver la forma en que la OEA le exija al régimen respetar la democracia de la organización de manera que Cuba se pueda reintegrar al organismo. La otra, desde La Habana para que Fidel entienda que es el momento de cambiar.
Todo esto es un eterno "ojalá" me dice Juanita Castro.
"Ojalá que los países de la OEA convenzan a Fidel de que tenga entendimiento y acabe de pensar en otra forma.
Ojalá que los mismos gobiernos puedan convencerlo de los cambios que ahora no se lo pide ni el exilio, ni se lo piden sus enemigos, sino el propio pueblo, que es el que vive la necesidad... Ojalá".
Yo me le sumo y también pienso en voz alta y digo: ojalá.
María Antonieta Collins
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