Ese acto farandulero no es lo que ocupa hoy la atención, sino los detalles y las consecuencias de quien fuera el más carismático de los sacerdotes hispanos de los Estados Unidos: el Padre Alberto, que ahora, dicen, pronto se casará con la que hoy oficialmente ya es su prometida, porque los dos fueron aceptados en su nueva iglesia.
Los enterados en esto dicen que es totalmente posible el matrimonio, ya que esa sería la forma perfecta, sin que medie otro escándalo, para obtener de El Vaticano el permiso de partida total de la Iglesia católica, apostólica y romana. Hasta hoy, no es excomunión, no es expulsión, sino una suspensión "ad divinis" dijéramos, la forma más decente de aceptar su decisión de irse a otra parte donde le permitan servir a Dios como él mismo dijo que le gustaría hacer: "sin olvidar que debajo de esta sotana hay un hombre diariamente".
La llegada a la Iglesia episcopal le garantiza muchas cosas, entre ellas que nadie se escandalice por nuevas fotografías y videos, ya que a decir de su nuevo jefe, el obispo Leo Frade, "malo sería que hubiera estado besando a un niño o a una mujer casada". De manera que los paparazzi que hicieron su "agosto en mayo" persiguiéndolo para vender fotos no tendrán muchos motivos de aliento, ya que su nueva iglesia permite situaciones que los católicos romanos no aceptan.
Pero mas allá del chisme y el morbo están otros cuestionamientos morales como afirma la periodista mexicana Diana Montaño, quien ha seguido muy de cerca el caso: "El Padre Alberto mintió desde el principio. Primero vio las fotos, supo de la publicación y luego dijo que no sabía nada. Después dijo que estaba en un retiro espiritual y fue encontrado junto a su novia, en Venice Beach. ¿En qué quedamos? ¿Aprueba o no mentir?"En la misma conferencia del jueves, Montaño misma dice que la mayoría de los periodistas estaban enojados con quien sigue siendo sacerdote, aunque dentro de un año -cuando cumpla requisitos- lo sea de la Iglesia episcopal.
Mientras tanto, la Iglesia católica de Miami reaccionó con indignación y asombro. Sencillo, humano y terrenal.
El padre Alberto fue uno de sus favoritos, el que atraía multitudes y quien se fue en una situación parecida a un hombre o una mujer que dejan al cónyuge con este pretexto:
"Te quiero, te adoro, pero no puedo vivir contigo, y adiós".
Yo también me quedé con calor y con frío, porque esperaba un final de cuento de hadas, donde la novia y él se despidieran con lágrimas en los ojos, y él volviera al redil y todos emocionados asistiéramos a su primera misa del regreso en una bienvenida de hijo prodigo. Pero no fue así.
Con esto que ha pasado, en lo que toca al padre Alberto, ya no hay nada más que decir.
María Antonieta Collins
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