El difícil tiempo durante dos largos años de duelo fueron aminorados considerablemente por pláticas y consejos que siempre me funcionaron para entender cosas que me eran incomprensibles. Padre Alberto también fue mi jefe un tiempo en "Radio Paz" la voz de la Arquidiócesis de Miami, donde él se había inventado una barra nocturna de programas que iban desde noticias del día, comentarios políticos, hasta una hora completa que me había encomendado para tocar temas que otros no hacían en una radio católica y que se compaginaban entre las disertaciones sobre los evangelios y el rezo de rosarios todo el día.
Mi primer programa entonces encendió pasiones: El divorcio en la Iglesia Católica que en realidad es una anulación. Los teléfonos durante el programa se caían con fieles ávidos de expresar sus voces, y yo, una mexicana católica, guadalupana y pecadora imaginaba que con aquella controversia Padre Alberto no sólo me diría que lo mío en Radio Paz había sido "debut y despedida", sino que como un "extra" quizá hasta me excomulgaría. No sucedió nada malo sino todo lo contrario.
Riendo abiertamente como siempre lo hacía, me dijo cuando yo le ofrecí una disculpa:
-"Chica, ven acá, ¿no que las mexicanas son tan bravas? No te preocupes de nada que no sea hacer un buen programa. ¿Qué los temas que tratas no son los convencionales? ¡Qué bueno! Mira, escribí hace poco en un prólogo de un libro que me pidieron hacer: La gente piensa que los curas sólo podemos entender los asuntos del más allá y están equivocados. Nosotros entendemos eso que piensan todos los demás, porque de la misma manera que los otros mortales, nosotros vivimos infiernos y purgatorios."
Hoy me emociona recordar aquello por dos razones poderosas: una, porque ahora entiendo el significado y sé que entonces personalmente él estaba librando una gran batalla donde cada día vivía su propio infierno y purgatorio por la supuesta relación con Ruhama Carelli. La otra razón era porque el párrafo al que hizo mención entonces, era del prólogo de uno de mis libros: "Cómo lidiar con los Ex-".
He salido a defenderlo con una tesis sencilla: Hizo mal las cosas porque cuando la gente se enamora, generalmente pierde la cabeza y por lo tanto falta la razón. Es lo mismo que él me recomendó para perdonar la grave infidelidad cometida por Fabio y que fue descubierta durante los meses del cáncer mortal que lo llevó a la tumba.
Hoy aplico la misma regla con él y añado algo más: No ha robado a nadie, no ha abusado de ningún niño, no ha violado a ninguna mujer. Rompió, sí con las reglas de la Iglesia y eso conlleva penas que sólo ellos sabrán aplicar, pero Padre Alberto en perspectiva, ha hecho más cosas buenas que malas, y con ese sacerdote, es con el que muchos preferimos quedarnos.
María Antonieta Collins
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