05/10/2011
Un descuido imperdonable

Por la noche, acostumbro quitarme los aretes y dejarlos sobre mi mesa de noche al lado de la cama, de manera que una de las primeras rutinas de mi vida es ponérmelos. Hago lo mismo en casa que afuera, así que esa noche –la segunda que pasaba en aquel hotel de California- no fue la excepción.

Resulta que por la mañana faltaba uno. Seguramente -me dije- dormida al darme una vuelta lo empujé con la mano y cayó al piso. Rápidamente me di a la tarea de encontrarlo inútilmente, ya que no había rastro del arete debajo de la cama ni por ningún otro sitio.

Comencé a jalar muebles y mas muebles sin hallar nada. De pronto mis ojos se toparon con la pesada mesa de noche, que de inmediato moví.

Por supuesto que ahí se encontraba el arete… pero para mi desgracia no estaba solo, a dos pulgadas… estaba un condón usado.

El grito de asco que di fue de epopeya y seguramente que se escuchó hasta el lado mexicano de la frontera…

Aggggggg me repetía.

Espantada como si hubiera visto a un vampiro fui directa a la recepción donde conté al encargado lo que había hallado…

“Lo siento, ahora mismo me aseguro de que alguien vaya a limpiarlo“

¿Ahora? ¿Después de dos días que tengo durmiendo en esa habitación? ¡Lo que necesito es hablar con el gerente!

De inmediato volví al cuarto para tomar una foto al abandonado anticonceptivo y la envié a mi hija Antonieta.

En eso llegó el camarógrafo que me acompañaba en la asignación, alarmado por mis gritos.

Yo sé que la gente cumple con ciertas funciones corporales en los hoteles, -dije furiosa- pero, dime algo del cochino huésped que no se tomó la molestia de tirar semejante cosa en el bote de basura…

“Tu dime algo, -me responde muerto de la risa- pero de la empleada que no cumplió con su trabajo de limpiar bien la habitación, por lo menos hace dos días”

Tenía razón.

Me llama Antonieta apenas recibe la foto y le explico de que se trata:

“Uff, ¡menos mal! que me dije: Esta bien que mi mamá sea mi gran amiga, pero eso de que me mande fotos de algo tan intimo, wooow se le fue la mano”

Noooo. Tú no pudiste pensar semejante de tu madre. Únicamente quería que vieras lo que había encontrado.

Fin de la historia: La gerente del hotel, la jefa de empleadas y un mini ejército más, se apersonaron avergonzadísimas en mi habitación:

“No hay forma en que podamos disculpar tan grave error. Únicamente darle un crédito a su cuenta.

Y colorin colorado, el sucio descuido quedó olvidado.

María Antonieta Collins