28/07/2010

Periódico El Nuevo Herald
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Perdiendo la costumbre de escuchar la voz


Antonietta llevaba un buen tiempo enviando y recibiendo textos. Decidí no interrumpirla porque no quería cortar la interesante tarea, probablemente --pensé-- comunicándose con su jefa del noticiero en McAllen donde trabaja. De pronto, gritos de júbilo me hicieron preguntarle de qué se trataba, mientras un intenso repiqueteo avisaba cuando llegaban los numerosos


Mensajes:

``¡El chico que me encanta me está

texteando!''.

¿Texteando? ¿Por qué no te llama por teléfono en lugar de comunicarse a

teclazos?

``¡Ayyy no, mamáaaa! Eso es cosa del pasado. Ahora todo es diferente. Si le gustas a un muchacho entonces te manda un ``text'', también lo comienzas a conocer por ``text'', y te invita por ``text'', ya no es necesario hablarse, ni verse''.

Mis hijos me han hecho actualizarme y también horrorizarme con lo que la tecnología les está robando. Antón y Antonietta no son rápidos para responder las llamadas, en cambio son instantáneos para los mensajes escritos. Pero no soy la única madre en vivir el problema, por el contrario, soy parte de una generación que cada día que pasa quedamos con la boca abierta.

Poco después Antonietta respondió mis preguntas: Y ¿cómo es eso de que te cortejan por ``text''?

``Sencillo. Primero, si le gustas te manda un mensaje. Tienes que leerlo con mucho cuidado, y también cuidadosamente debes responderlo. Después debes saber que aun cuando las respuestas son instantáneas, eso no significa que te van a responder de inmediato. Ellos también se toman su tiempo porque no quieren darte a entender que están ansiosos por verte o que les gustas más de lo que crees''.

Me quedé asombrada con otros detalles: un mensaje de texto no siempre se responde totalmente el mismo día. Me explico mejor. Si quien lo recibe está haciendo otras cosas, o se queda dormido, no hay ``buenas noches'', o ``mañana seguimos'', el silencio después del último mensaje da por terminada la comunicación que al día siguiente puede reanudarse sin ningún problema, ni recriminación.

¿No es mejor llamarse y decir ``no puedo seguir hablando''?

``A lo mejor sí, pero ya no se usa, y ahora todos nos comunicamos así''.

Me es difícil entender que cada vez el sonido de la voz podría ser cosa del pasado. Probablemente vivimos ahora lo que nuestros abuelos entonces al ver que las cartas de amor perdían ante las pláticas telefónicas, y que hoy a la voz le toca el turno de perder ante lo instantáneo de un texto sin imagen. A fin de cuentas --dicen-- esto ya es el siglo XXI. • 

mariaantonietacollins@yahoo.com


María Antonieta Collins


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