Cada vez que la escuchaba, mi respuesta era la misma: ``Si te llega nuevamente la oportunidad tienes que tomarla''.
No recordé la plática hasta aquel día en que me llamó para contarme una historia que sonaba extraordinaria.
``Una de mis grandes amigas me ha presentado a un hombre encantador, en sus 60 como yo, divorciado hace mucho, simpático, dueño de un humor increíble y, lo mejor es que, como me ha contado mi amiga, él quiere vivir en paz y ser feliz con una pareja. El único inconveniente es que no vive aquí. ¿Qué te parece?''
¿Inconveniente?, respondí, ¡más bien eso es una gran ventaja! La distancia los va a hacer más interesantes. Poco después supe que todo marchaba muy bien, que tenían en común muchas cosas, entre ellas el amor por los boleros y las películas de Jorge Mistral y Marga López.
``Con él recuerdo a Neruda, y me ha hecho darme cuenta de que no recitaba un poema desde hace, quizá, 40 años.''
Educado y encantador hasta el mismo momento en que regresó a su ciudad, cuando le envió de inmediato un mensaje agradeciéndole aquellos días maravillosos que volverían a repetirse. No podía ser mejor.
La creí feliz hasta hace poco, cuando muy triste me contó el final.
``Después del mensaje no llamó en una semana, yo lo hice un par de veces y no respondió. Días después dijo que no tenía el celular a la mano y me dio excusas elementales como que estuvo en sitios sin teléfono, pero lo peor fue su discurso: ``Debemos respetarnos los espacios, yo el tuyo y tú el mío. No me gusta pertenecer a nadie ni que me pertenezcan''.
¿No que quería vivir en paz y feliz con una pareja?, pregunto. ``Todo lo que le dijo a la amiga que nos presentó fue mentira. Lo cierto es que anda enloquecido con todas las mujeres jóvenes que puede, sin darse cuenta que únicamente lo utilizan''.
Le pedí que huyera rápidamente de esa latina versión de Don Juan, ya que lo será hasta el último día de su calendario. •
María Antonieta Collins
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