16/06/2010

Periódico El Nuevo Herald
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Sin miedo para hablar de Dios

El tema llegó a mi computadora por un correo de la lectora Lucía DiQuattro: ``María Elvira Salazar, quien recientemente sacó un libro donde cuenta las etapas más oscuras de su vida profesional, vincula el éxito y el triunfo a la gracia divina. He visto muchas veces su programa, y veo que en la televisión menciona a Dios muy a menudo, siendo el suyo un programa político, me parece encomiable el que ella se sensibilice y establezca este vínculo en su diario vivir, incluso a la hora de `vestirse' con el traje de periodista''.


``Yo no puedo negar a Dios --me respondió enfática María Elvira-- si en los momentos más graves, en medio de la desesperación de verme al borde de la quiebra, con mis dos niñas pequeñas, con mi esposo sin trabajo y con mi reputación destrozada por Laura Bozzo quien me había hecho el centro de una infamia tejida para salvarse y desprestigiarme, mi único recurso entonces fue orarle y él me respondió, ¿con qué cara yo voy a negarlo? ¡Claro que hablo de Dios sin miedo!''

Debo confesar que al colgar el teléfono salí corriendo a buscar ``Si Dios contigo, quien contra ti'' el libro de la periodista, y al igual que Doña Lucía DiQuattro me llevé la gran sorpresa, y entendí por qué no tiene miedo de que la tachen de fanática religiosa.

``Aunque mi inocencia de las acusaciones de corrupción hechas por Laura Bozzo quedó comprobada totalmente, la industria de la televisión me dio la espalda, mis compañeros de años, mis jefes, mis amigos, todos me abandonaron. Huían de mí como la peste, después de 25 años de carrera trabajada a pulso, quedé en el piso, marcada como leprosa y catalogada como desecho en la industria. Sin nadie a quien acudir me arrodillé y miré al cielo. Le pedí a Dios que me rescatara, que me salvara de la muerte profesional, de la ruina económica y del dolor del fracaso. Era el único que tenía el poder. Desde ese momento me di cuenta de que si Dios está conmigo nadie podía estar contra mi''.

Han pasado siete años desde aquel episodio, y la moraleja de María Elvira es que todos somos capaces de levantarnos de la tumba moral, de empezar de cero, de reconstruir vida, carrera, negocio, profesión, de levantarnos de una gran caída, pero con la fuerza de la fe, y sin miedo para hablar de Dios en público, aunque te ``vistas'' de periodista.




María Antonieta Collins


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