02/06/2010

Periódico El Nuevo Herald
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Histórica y pertinente aclaración

 


Los correos llegaron numerosos y de todas partes de los EU con motivo de mi columna del Cinco de Mayo. De entre todos, uno firmado por Jorge Padilla, residente de Concord, California, decía algo especial: ``Le escribo para hacerle una pequeña aclaración o pregunta: ¿la Independencia de México no fue en 1810? ¿No por eso es el Bicentenario de la Independencia de México? si estoy equivocado hágamelo saber por favor... es buen post pero con algo de mala información (creo yo) y quizás a alguno de los dos nos falten algunas clases de historia mexicana...''

Don Jorge Padilla se refería al párrafo que decía:

``Cinco de Mayo es el aniversario de la Batalla de Puebla, librada el 5 de Mayo de 1862. Eran tiempos terribles para México que en 1821 recién se había independizado de España''.

Efectivamente México se prepara a festejar en septiembre próximo el bicentenario de su Independencia. Pero la conmemoración marca el inicio de esa guerra, que efectivamente ocurrió la noche del 15 de septiembre de 1810, cuando Don Miguel Hidalgo y Costilla, cura del poblado de Dolores, en el estado de Guanajuato hizo sonar las campanas de la iglesia para llamar al pueblo a la rebelión contra las fuerzas españolas.

De eso es de lo que harán pronto doscientos años.

Lo que escribí es algo diferente. Cuando escribí que ``en 1821 México recién se había independizado'' me refería a que la lucha duró 11 largos años, donde los principales caudillos, Hidalgo y Morelos entre cientos, fueron fusilados y el mando pasó de mano en mano a generales como Guadalupe Victoria o Vicente Guerrero quienes seguían combatiendo contra España. La guerra independentista se consuma por medio de los Tratados de Córdoba, el 24 de agosto de 1821, firmados por Juan O'Donojú el último virrey de México y esta consumación es la que legalmente concede la independencia a México.

Semejante explicación es una cuestión de honor, algo que defiendo porque de inmediato pienso en quien hoy es un anciano, pero que en su momento fue un extraordinario maestro del tema: el profesor Paulino Colín Negrete, humilde y anónimo erudito allá en mi natal Coatzacoalcos, Veracruz, y quien orgullosamente nos inculcó a sus alumnos la riqueza de una historia que sólo él podía enseñarla magistralmente.

Por mi maestro Paulino Colín, es que va esta columna con todo aquello que él tanto nos enseñó, tal y como decía: ``Estudien, que lo que bien se aprende no se olvida''. 

María Antonieta Collins


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