21/04/2010

Periódico El Nuevo Herald
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Réquiem' por el teléfono de casa


El sonido era a la vez extraño e insistente. Venía de lo que es ya un olvidado aparato. De hecho, no fue hasta que lo escuché que en realidad pude darme cuenta de que las cosas con el teléfono de casa ya no son como antes cuando había uno en cada habitación. Hoy apenas existe en dos lugares en mi hogar: mi oficina y mi recámara. ``¿Contesto?'' pregunta Carmela, quien no espera mi respuesta. ``Ya sé, ya sé, --me dice-- no debe ser nadie importante si no, la llamarían al celular''.

Da media vuelta y lo deja sonar sin ningún interés de saber quién es, ya que hace mucho se terminaron las sorpresas cuando inventaron el ID caller.

Entonces, ¿para qué levantar el auricular? Ni por error es un familiar. Seguro son los temibles telemarketers a quienes no basta amenazarlos con reportarlos a la FCC sino que siguen llamando ``on behalf de no sé quien'' para vender algo.

Qué tiempos aquellos cuando se colgaba una hablando con los novios, o cuando nada más llegar a casa, corríamos hacia el teléfono de la cocina, que generalmente era el de la grabadora de mensajes para saber quién había llamado y responderle. ¿Qué tal cuando hacíamos malabarismos al preparar la comida y, con riesgo de acabar con una tortícolis total, sosteníamos el aparato con el cuello para hablar con las amigas al mismo tiempo? El teléfono era el centro de la vida, tanto, que las buenas costumbres prohibían llamadas a la hora de la comida, y ni qué decir que después de las diez de la noche no había quien se atreviera a usarlo, ni siquiera para recibir llamadas.

Hoy todo eso es asunto del pasado. Es común escuchar: ``Llámame a mi celular a cualquier hora, que funciona 7/24, es decir, los siete días de la semana y las 24 horas del día'', y cada día son más los que lo han convertido además tienen el servicio de Fax o de Internet.

``¿El teléfono de mi casa? Hace años que no tengo uno --me dicen amigas-- es más barato y cercano el celular y además ``texteo'', veo noticias y hasta puedes buscar novio, ¿Qué tal?''.

Es cierto, el celular simplifica la vida de sus dueños, lo que fue la estocada mortal para aquellos aparatos negros de baquelita, y para sus herederos, los ``made in China''.

Por eso, al darme cuenta de lo que sucede, fue que me apresuré a escribirle este réquiem. Descanse en paz el teléfono en casa.



María Antonieta Collins


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