31/03/2010

Periódico El Nuevo Herald
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Aquellas Semanas Santas


La plática entre una hija, su madre y su abuela en una tarde de compras rápidamente se convirtió en un pleito originado por la ropa que la joven iba a utilizar en Semana Santa:

``La verdad es que piensan como dinosaurios, ¡Tú y abuela son igual de antiguas!''.

Avergonzadas, las mujeres voltearon a verme y se sentaron junto a mí afuera de los vestidores, esperando a que la joven siguiera probándose diminutos trajes de baño, cada uno menor que el otro. Fue la abuela quien sin más dijo a su nieta:

``Esta bien, soy un dinosaurio, pero ¿Quieres decirme de qué forma cristiana vas a conmemorar algo tan sagrado luciendo casi desnuda en la playa con esa trusa de baño? Para tu información esto viene celebrándose hace casi dos mil años, ¡pero nunca con el desenfreno de ahora! ¿De qué forma ustedes los jóvenes conmemoran la muerte de Jesús, siempre con la cerveza y el trago en mano? ¿De qué forma ustedes, con muy poca ropa participan de la resurrección, bailando, fiesteando o haciendo otras cosas?''

Me identifiqué de inmediato con ellas, y de haber estado ahí Antonietta, mi hija menor, sin lugar a dudas que me hubiera dicho ``¡Ayyy mamaaá! No te metas que no soy yo la que quiere andar paseando en ``hilo dental''. Sin embargo aquella señora me hizo pensar en las Semanas Santas cuando la tradición reinaba sobre la diversión.

El padre Valiente, de mi parroquia en Veracruz, México, cubría las imágenes con tela morada, y exigía semejante cobertura en las casas donde no se salvaban ni los espejos, por aquello de que era un pecado de vanidad observarse en ellos durante esos días sacros.

La vigilia de no comer carne roja era estricta al igual que los rezos diarios que seguían a la procesión de Jesús Nazareno llevado en andas en medio de un estricto código de vestimenta.

El negro era riguroso para los adultos, los niños de blanco y todas las mujeres siempre cubiertas por una mantilla.

El viernes era en verdad día santo, recordando a las tres de la tarde el momento de la

crucifixión.

La radio únicamente tocaba música sacra o clásica en señal de respeto desde el jueves, y el domingo de Pascua que terminaba con la conmemoración, que no fiesta.

¿Y del sexo? ¡Ni hablar!

Pero en pleno siglo XXI hoy todo eso es recuerdo que a muchos les parece salido de tiempos del diluvio y hasta nos llegan a llamar dinosaurios. ¿Qué tal? •



María Antonieta Collins