Sé de lo que habla la lectora porque en casa de amistades he vivido esa desagradable experiencia de niños y jóvenes que llegan, ven a las visitas y sin decir ``buenos días'', ``buenas tardes'' o por lo menos ``¿Qué tal?'', pasan materialmente sobre los invitados sin decir una sola palabra, sin que los padres les digan nada.
Sin vergüenza alguna me confieso madre de ``mano dura'' con mis tres hijos. Para mí no saludar o dar los buenos días, simplemente no es aceptable bajo ninguna circunstancia. Mis hijos han crecido sabiendo que saludar es parte de la más elemental cortesía.
La premisa es sencilla: si uno no los enseña y los obliga, ¿quién va a hacerlo?
¿Qué padres son, como dice la lectora Margarita Javier, los que dejan a sus hijos ``vivir a su aire'' a sabiendas que no tienen edad para hacerlo? Puedo responderle que son aquellos que como bien dice el dicho crían cuervos, ignorando que después les sacarán los ojos.
Laura García, joven madre de una pequeña niña de escasos tres años, conoce y teme al problema: ``Hay muchos que dicen que entre la crisis y el estré(hstr) se les olvida hasta dar las gracias. ¡Ahora resulta que eso justifica la mala educación! Los modales se inculcan a los hijos desde bebés cuando les das un objeto y les repites: se dice, gracias. Así aprenden. Es nuestra responsabilidad''.
Estoy de acuerdo y añado algo más: por favor, enseñe a sus hijos y nietos algo más: que cuando les den un regalo, en vez de verlo y guardarlo sin decir nada, como sucede a menudo, deberán dar las gracias, ya que no hacerlo demostrará que viven en una familia donde la cortesía brilla por su ausencia.
María Antonieta Collins
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