Emocionadas, todas aquellas que durante cuatro décadas han guardado en la memoria aquellas canciones que deletrean al instante, responden rápidas a la pregunta. ¿Por qué la fascinación a aquellas letras? ¿Qué tenían entonces que muy pocas tienen ahora? Eleonora y Soraya fueron directas al tema: ``Sandro cantaba lo que los hombres sentían. Eran hombres que aceptaban sin complejo alguno que lloraban por una mujer. Eran hombres que no tenían temor de confesarse enamorados o de tener penas, penas y penas''.
Otra acota inmediata: ``No existía la barrera que les impidiera reconocer cuando una mujer los había abandonado. Eran letras hechas por los que sabían que ``ella'' había decidido dejarlo sin más excusa que el desamor --o por otro. El recato masculino no impedía aceptar que a pesar de todo, le rogara a aquella pérfida traicionera que ``quisiera regresar a su lado para amarla otra vez'', sin que esto menguara su hombría''.
Era otra época, sí, con otros ingredientes a favor de quienes hoy son madres y abuelas. ¿Acaso sucedía porque había menos mujeres y más hombres? O ¿porque todo se postergaba y no existía ``la cultura del ahora''? Eran décadas donde el tiempo regía sobre el amor que no comenzaba y ni terminaba como hoy al pulsar una tecla para un ``tex'' o usar la internet para ello.
``En el 2010 ¿qué hombre va a sufrir por una mujer si habemos tantas? Si una le dice que no, el mismo día por lo menos tiene a tres que de inmediato le dicen que sí. Entonces, ¿quién de ellos va a sufrir porque termine una relación? Basta con escuchar a las jóvenes desconcertadas porque el novio les pidió `espacio', es decir, tiempo libre. Si alguien sufre, no son ellos''.
Con sobrada razón muchas letras populares hablan de otra cosa. Pero ¿Cuántas canciones de ellas sobrevivirán gracias a sus fans?
Son otros tiempos, diferentes a los que nos hacen recordar que un día los hombres sufrieron por amor y no temían confesarlo.
María Antonieta Collins
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