Como una de las millones de víctimas de esa fecha, fue que decidí escribir esta carta al responsable directo del problema, y comienzo así:
Finísimo Cupido:
Mira ``mi niño'', (me encanta la expresión tan cubana de llamarte ``mi niño'') y te digo así porque en verdad no sé si eres niño o adulto. La verdad es que con tanta modernidad no sé si te has dado cuenta que en vez de ser el emblema del amor te has convertido en el símbolo de lo comercial, ya que en tu nombre se buscan los regalos más cursis sólo porque no sé quién dijo que tú y el pobre de San Valentín exigen dar a la pareja un presente cada 14 de febrero.
El problema es que terminadas las ventas navideñas todo nos recuerda que ya viene Valentín.
``¡Ay dios mío!'', dicen amigas y conocidas de todas las edades. ¿Qué voy a hacer si para Valantain's (dicho y escrito como se pronuncia en inglés) no tengo quien por lo menos me dé una caja de bombones? ¡Mejor me escondo para no ser la burla de las demás!
Déjame contarte que semejante paranoia ocurre porque, las que tienen novios, pretendientes, maridos y demás, aprovechan la ocasión para presumirle a otras sus regalos; desde muñecos de peluche con un corazón que dice ``I love you!'' hasta las palomitas de cerámica unidas por el pico --para lucirlas sobre el escritorio de la oficina-- que dicen: ``No me olvides''.
¡Qué horror Cupido, qué horror que tu tengas la culpa de semejante hecho!
Ahora, que para ser justa tengo que reconocer que los regalos han roto límites. Una conocida me confesaba deprimida que el novio le regaló jabón de olor, champú, acondicionador, perfume y esponja. ``Nunca supe --me dijo-- si con eso me quiso decir que necesito bañarme''.
¡Pienso en mi propia abuela y creo que se hubiera muerto de pena si le regalan eso a una nieta suya!
Ahora, en serio, hago este consejo: Valentine también festeja el día de la amistad. Así que no se deprima, que no está sola o solo, que siempre hay buenos amigos. ¡Happy Valentine's! •
María Antonieta Collins
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