02/02/2010

Periódico El Nuevo Herald
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¿Qué ha pasado con las resoluciones de fin de año?

Como en casi todos los fines de año anteriores no he escrito mis propósitos o no me acuerdo bien de ellos, esta vez comencé a escribirlos pero esperé hasta la tercera semana de enero para no fallar.

¡Ay Cristo de la Consolación, que este año logre una talla 4 perfecta! `¿Talla 4 perfecta?' me pregunté, (se ``me fue la mano''). Así que decido algo mas real,entonces me propongo ser en el 2010 una talla 6.

De ahí pasé al siguiente drama: ir al gimnasio por las mañanas e ignorar lo que pasa a mi alrededor. Es decir, no mirar a todas esas mujeres flacas que están ahí como si nada, ya que de intentar seguirlas acabaría cualquiera al borde de un colapso de tanto brinco.

Lo próximo es tan difícil como ir a la luna ida y vuelta: vencer al ``monstruo'' es decir, triunfar permanentemente en la dieta.

Eso sí que se ha convertido en algo muy acorde con la segunda década del siglo XXI y no tiene que ver con las recomendaciones tradicionales, sino con salud aunque un poco más complicado.

Entre las recomendaciones están: no usar el microondas para calentar alimentos porque, de acuerdo a los expertos, altera la composición de algunos y puede volverlos tóxicos. Poner más atención a los vapores de cloro que aspiramos a la hora del baño o la ducha. Mientras más caliente el agua, peor. Así que salí a comprar un filtro para el agua que sale por la ducha.

También se debe reducir el exceso de azúcar y evitar totalmente las azúcares artificiales, ya que todos los productos químicos derivados de esta, así como los postres y harinas bloquean el colon y el hígado, lo que finalmente redunda en sobrepeso.

¿Cómo borrar todo esto ``del disco duro'' de mi cerebro cuando me hace sentir tan bien?

¡Ahhh! ese es el chiste: cambiar el enfoque de las cosas para hacerlas de verdad.

Mucha fuerza de voluntad para levantarme media hora más temprano y hacer ejercicio. ¿Gimnasio? Nooo, gracias, que para eso está el vecindario. Caminar por él por lo menos 45 minutos diariamente.

Tomar muuucha agua.

No cenar fuerte y hacer la comida con más calorías al mediodía.

Si las matemáticas no fallan, ahorraré miles y miles de calorías y en cincuenta y dos semanas estaré mas cerca de mi talla perfecta, (una seis) más ágil por el ejercicio, y además, según dicen un par de millas al día, evitan el psiquiatra ¿Qué mas se puede pedir?... ¡Darme prisa que sólo me quedan 48 semanas para lograrlo! • 


 

María Antonieta Collins


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