02/02/2011

Periódico El Nuevo Herald
volver


A palabras de borracho oídos de cantinero

Marieta González, residente de Miami, me escribe contándome sus desventuras a causa de las malas costumbres de amigos y conocidos criticones y envidiosos, algo que me hace recordar situaciones que miles de nosotros hemos vivido en carne propia.

"Tengo una cuñada --dice Marieta-- a la que todavía recibo en mi casa, pero sólo por mi hermano. A todo lo que yo compro de inmediato le pone un ``pero'' y critíca lo que llama ``mi mal gusto'' (cuando yo sé que es todo lo contrario) porque después, ¡ella va y lo compra también! Compré una chimenea y ella fue al mismo lugar por otra, lo mismo pasó con mi juego de cuarto y más cosas. Me compré una silla antigua y un mueble para curiosidades y me dijo: ``No me gusta eso''. Lo mismo hizo con unas sillas para mi comedor a las que vio, y me dijo con desprecio: ``A mi no me gustan''. Yo le contesté: ¡Pero a mí sí!


Escriba por favor sobre la mala educación de las personas que le dicen cosas a otros sólo por hablar.

PD. Le mando las fotos de las sillas, aunque sé que por delicadeza aunque a usted no le gusten, no me lo dirá''.

Marieta me recuerda un dicho muy mexicano: ``Si la envidia fuera enfermedad, los envidiosos abarrotarían los hospitales...'' Y no está sola, eso pasa porque creemos que la palabra bully (acosador) es sólo para los niños que lo sufren en la escuela o el vecindario, sin saber que existen en todos los lugares y de todas las edades.

Yo misma era parte del sufrido grupo, porque me costaba trabajo responder a una agresión verbal. Por supuesto que eso es cosa del pasado.

De pronto, un día haciendo un reportaje sobre ese tema, me di cuenta que yo misma había sido víctima del bullying, es decir, del abuso verbal y de la envidia, y que a esos seres habría que ponerlos en su sitio.

La siguiente vez que el personaje que constantemente criticaba mis cosas lo hizo, me armé de valor y le marqué el alto. ¡Ni una crítica más! --le dije-- y si no te gustan mi casa o mis cosas, qué pena porque a mí sí, ¡así que no vuelvas a un sitio que no te gusta!

Moraleja: el valiente vive hasta que el cobarde quiere.

PD. Marieta, sus sillas son muy bonitas, y de muy buen gusto. En verdad.

Así que con su cuñada y con quien sea, recuerde que ``A palabras de borracho oídos de cantinero'', que esos sólo escuchan lo que quieren. • 



María Antonieta Collins